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ASÍ TRABAJAN LOS RIDERS, LOS NUEVOS ESCLAVOS

 

 

 

«Tienes que reventar haciendo pedidos, arriesgando tu vida y la de otros, para sacar un sueldo», denuncia un empleado de Deliveroo

De día o de noche. Haga frío, llueva o el termómetro marque 40 grados. Sobre tu bici o, en el mejor de los casos, tu moto, con el cuerpo como única protección. No hay tregua ni pausa. Un pedido tras otro porque, si no es así, no cobras. Eso sí, el salario mínimo, no esperes mucho más. Y debes estar con disponibilidad total aunque también puede ser que no llegues a trabajar, o apenas hagas uno o dos pedidos.

Son los repartidores de comida a domicilio, también denominados 'riders', una nueva figura del mercado laboral en el ojo de la polémica por unas condiciones que en muchos casos rozan el fraude y la ilegalidad. A muchos se les antojan ya los 'nuevos esclavos del siglo XXI'.

Ni siquiera pueden definirse como trabajadores de las nuevas plataformas digitales del sector como Deliveroo, Glovo, Uber Eats (las más conocidas) o incluso la incorporación más reciente de la francesa Stuart, sino que estas empresas se refieren a ellos como 'colaboradores' o incluso 'clientes'. Y es que en realidad no tienen contratos laborales, sino en el mejor de los casos mercantiles (en Deliveroo y Glovo, porque en las otras dos empresas ni siquiera), por lo que no gozan de la protección ni los derechos de los asalariados.

En Uber, con cierto eufemismo, lo definen como «una nueva forma de asociarse». En su web incluso 'vende' ese trabajo de una forma que casi parece el paraíso. «Tú decides. Eres tu propio jefe y puedes elegir cuándo y cuánto trabajas... Y tan solo necesitas registrarte... Empieza a ganar dinero hoy mismo».

Lo mismo en Deliveroo, donde hay más de 1.000 trabajadores solo en España. « ¿Te gusta pedalear? ¿Estás buscando un trabajo flexible?», es su reclamo en la web. Solo piden tres requisitos: tener bicicleta o moto con un equipamiento de seguridad, un móvil y darse de alta como autónomo. Solo necesitas 5 minutos... y ya estás apuntado para empezar a «ser tu propio jefe», como dicen.

«Todo esto es una mentira», afirma tajante Rubén Sanz, dirigente de UGT, que ve «pernicioso» ese tipo de relación laboral. «Bajo el paraguas de la digitalización están volviendo viejas formas», advierte. «Es casi una vuelta al feudalismo del siglo XIX», abunda Carlos Gutiérrez, secretario de Juventudes de CC OO.

¿Qué hay que hacer para trabajar? Es algo tan sencillo como bajarse un par de aplicaciones y asistir a una reunión grupal sobre organización y normas de funcionamiento. En el caso de Deliveroo y Glovo, además, firmas un contrato 'on line'. Y siempre que te hayas dado de alta como autónomo, ya puedes empezar a pedalear para ganar dinero.

Así lo hizo Daniel (nombre ficticio para evitar represalias), un joven de 28 años que lleva diez meses trabajando para Deliveroo. Tuvo que darse de alta como autónomo, pagando 50 euros los seis primeros meses (con la tarifa plana) y a partir del séptimo unos 138 euros mensuales (desde el 1 de enero la tarifa plana puede extenderse un año).

Estudiante de doctorado en Sociología, denuncia que en julio Deliveroo cambió las reglas y ahora están mucho peor. Ya no les pagan por horas (8,50 euros por una) sino por pedidos (4,25 euros por entrega), y se han visto obligados a firmar un contrato como 'trade' (trabajador autónomo económicamente dependiente), para quienes reciban un 75% de sus ingresos de esta empresa.

«Estábamos firmando, en realidad, la total inestabilidad de nuestros ingresos mensuales», se lamenta Daniel, que puntualiza que ahora nadie tiene asegurado un sueldo porque dependen solo de la demanda. «El tiempo que se pierde lo pagamos nosotros». Y es que muchas veces acuden a un restaurante y tienen que esperar a que esté listo el pedido. «A Deliveroo le sale gratis tenernos así», denuncia. Además, con este nuevo tipo de relación laboral ha contratado a mucha más gente, pues así se aseguran que el pedido se haga lo más rápido posible. Pero el trabajo es más escaso.

«Tienes que reventar haciendo pedidos, arriesgando tu vida y la de los demás, para poder sacar un sueldo con el que puedas vivir», lamenta este joven chileno, que en ocasiones se salta los semáforos, va en dirección contraria y más rápido de lo que debería para llegar cuanto antes. Pero no le queda otra porque tiene que sobrevivir y por eso traga.

Tiene que entrar entre el lunes y el miércoles en la aplicación y decir qué horario tiene disponible para trabajar la siguiente semana. «Como la gran mayoría vivimos de esto, generalmente ponemos todo el horario laboral puesto que necesitamos trabajar lo más posible». Después, la aplicación te asigna las horas que tienes que trabajar. A Daniel le suelen poner entre 25 y 30 horas semanales, pero es gracias a que tiene una buena evaluación.

Esta es otra de las cosas con las que juega la empresa: cuanta más disponibilidad tengas y más pedidos realices en menos tiempo, mejor puntuación. Y cuanta más alta sea ésta, más trabajo te asignan. Pero si, por ejemplo, hay un par de días que te pones enfermo y no puedes trabajar, eso te penaliza porque no estás disponible y no has avisado con 48 horas de antelación. Entonces toca volver a empezar de cero. Por eso muchas veces reparten incluso enfermos. Después deben ir a su zona asignada en el horario facilitado y estar pendientes de la aplicación... hasta recibir un pedido.

 

Ni derecho a ser despedido

Pero, ¿cuánto pueden ganar estos repartidores? En Madrid Deliveroo paga 4,25 por pedido aunque, por ejemplo en Valencia, son 3,38 euros. Incentiva a sus trabajadores con bonus, aunque cada vez son menos generosos. El primero te daba 200 euros extra si hacías 85 entregas en dos semanas (la empresa factura cada quincena). Ahora abona 80 euros extra si se hacen 115 pedidos.

Daniel intenta llegar a esos 115 pedidos. De esta forma ingresa 575 euros quincenales, con lo que gana 1.147 euros al mes. Pero a esto tiene que descontarle los 138 euros por ser autónomo, más otros 30 euros que hay que pagar a la Seguridad Social por accidente de trabajo y enfermedad profesional por ser 'trade'. Aunque bien es verdad que esto la gran mayoría no lo paga.

Además, él corre con todos los gastos de desplazamiento, de su bici, equipamiento, etcétera. Y, para más 'inri' no tiene derecho a vacaciones, paro, formación, baja por enfermedad... Ni siquiera derecho a ser despedido porque aquí nadie te comunica que ya no cuentan contigo, simplemente te 'desconectan'. En definitiva, que ni mileurista ni tampoco derechos de ningún tipo.

 

Fuente. Larioja