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LA PÉRDIDA DE LA VISIÓN Y LA AUDICIÓN ESTÁN ASOCIADAS CON EL DETERIORO COGNITIVO

De vez en cuando alguien dice “mi cerebro está sobrecargado”. No es sorprendente dada la cantidad de tareas complejas que este realiza, entre ellas, hacerte capaz de aprender, planificar, recordar, comunicar, mirar, escuchar y oler.

Tampoco es sorprendente que un gran número de estudios haya relacionado funciones sensoriales dañadas, como la disminución de la vista y el oído, con el deterioro de las habilidades cognitivas. El cerebro, al parecer, tiene un límite, y cuando se esfuerza demasiado para darle sentido al mundo —desde leer palabras en una página hasta entender el mundo oral— puede ser menos capaz de desempeñar otras tareas importantes.

Aunque la relación de causa y efecto no se ha establecido, la evidencia gradualmente sugiere con más fuerza que la pérdida parcial de visión y audición pueden acelerar el deterioro cognitivo.

Las estadísticas nacionales demuestran la importancia de esta asociación. El número de estadounidenses con poca visión, que muchas veces pasa desapercibida en adultos mayores, se duplicará para 2050. La pérdida de la audición —en su mayoría sin tratar o con poca atención— afecta a casi dos tercios de los adultos mayores de 70 años. Una de cada nueve personas de 80 años o más presenta ambos impedimentos, tanto de visión como de audición (menos de una de cada cinco no presenta ninguno de estos problemas). Por último, la prevalencia de demencia se duplica cada 20 años.

El último estudio, publicado en agosto en JAMA Ophthalmology, descubrió que en una muestra representativa de casi 3000 estadounidenses ancianos y una segunda muestra de 30.000 beneficiarios de Medicare, la mala visión estaba asociada con cognición deficiente.

Los dos grupos utilizaron medidas distintas para las habilidades cognitivas como memoria, orientación y planificación, y la consistencia de sus resultados sugiere que la asociación entre visión defectuosa y capacidades disminuidas del cerebro es real, concluyeron los investigadores.

La autora principal, Suzann Pershing, oftalmóloga de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, dijo que “a pesar de que esta relación no es una prueba de que la pérdida de la visión cause disminución cognitiva, de manera intuitiva tiene sentido que mientras menos involucrada esté la gente con el mundo, reciba menos estimulación cognitiva y sea más probable que sus funciones mentales disminuyan”.

Un estudio previo de 625 ancianos en la Universidad de Michigan realizado por Mary A. M. Rogers y Kenneth M. Langa encontró que aquellos con poca visión tenían un 63 por ciento de mayores probabilidades de experimentar disminución cognitiva. Además, la probabilidad de que desarrollen la enfermedad de Alzheimer es 9,5 veces mayor.

“No es necesariamente una relación unilateral”, dijo Pershing. “Si mejoras la visión de la gente con problemas cognitivos, pueden funcionar mejor”.

Lo mismo sucede con la audición, pues hay evidencia de que la pérdida del oído puede acelerar la disminución cognitiva. Sin embargo, aún no se sabe si los dispositivos auditivos bien ajustados pueden disminuir el riesgo de demencia o retrasar su aparición. Un estudio patrocinado por el Instituto Nacional sobre la Vejez podrá demostrar en cinco años si el uso de aparatos auditivos puede ayudar a preservar la capacidad del cerebro en gente que pierde la audición al envejecer.

Frank R. Lin, otorrinolaringólogo del Centro Johns Hopkins para el Envejecimiento y la Salud, dijo que “el efecto potencial es enorme”, especialmente ahora. Se espera que empresas como Apple y Samsung comiencen a comercializar en breve aparatos auditivos que podrían costar de 50 a 300 dólares en lugar de 5000 por un par, lo que pondría esta ayuda al alcance de mucha más gente (Lin dijo que “Costco ha tenido un gran efecto en la accesibilidad”, puesto que ha bajado el precio de aparatos auditivos ajustados y revisados por audiólogos bien capacitados”).

Mientras tanto, esto es lo que ya sabemos. Un estudio prospectivo de 1984 adultos mayores que fue dirigido por Lin reveló que quienes tuvieron una pérdida auditiva eran 24 por ciento más propensos que sus contemporáneos con audición normal a experimentar disminución cognitiva en los seis años posteriores.

Sus habilidades cognitivas disminuyeron hasta un 40 por ciento más rápido que las de otras personas con audición normal. Tuvieron muchos más problemas con funciones cerebrales como el pensamiento y la memoria, los cuales se desarrollaron en promedio tres años antes que en la gente de su edad con audición normal. Además, mientras más severa era la pérdida del oído al inicio del estudio, más grande era su pérdida cognitiva a lo largo del tiempo.

“Los adultos mayores con pérdida auditiva enfrentan un riesgo más grande de demencia, aunque controlen enfermedades como la diabetes y la presión arterial alta”, dijo Lin en una entrevista. “Así que pensamos que pueden tener una relación causal”.

Sugiere tres maneras que pueden explicar cómo se relacionan la demencia y la mala audición. Una involucra “la carga cognitiva”: cuando no puedes escuchar bien, el cerebro recibe señales confusas y se ve forzado a trabajar más para dilucidar el significado del mensaje.

Otro mecanismo puede responder a que la gente que no escucha bien tiende a aislarse socialmente, lo que disminuye la estimulación cognitiva y por tanto la pérdida de habilidades mentales.

Quizá sea más importante la tercera explicación que tiene que ver con la estructura cerebral: la pérdida de audición provoca un índice más rápido de atrofia cerebral, principalmente, en la porción del cerebro ligada al oído, que también tiene relación con funciones como la memoria, el aprendizaje y el pensamiento.

En la Universidad Washington de St. Louis, Jonathan Peelle y sus colegas han demostrado a través de estudios de resonancias magnéticas funcionales que incluso la gente con pérdida de audición leve “utiliza más su corteza frontal”, lo que significa que la parte del cerebro utilizada para pensar y tomar decisiones trabaja de más cuando trata de entender el habla.

“Incluso en adultos jóvenes con audición normal”, dijo Peelle, “tan solo una disminución pequeña en la capacidad de escuchar provoca que sus cortezas frontales trabajen más”. Mencionó que los estudios han mostrado que la corteza auditiva se encoge cuando la pérdida de audición es avanzada, lo que puede disminuir la habilidad del cerebro para desempeñar otras funciones distintas a la audición.

Aunque el costo-beneficio de programas de pruebas regulares de visión y audición en adultos mayores aún debe comprobarse, los expertos recomiendan exámenes periódicos para detectar problemas que se podrían corregir para disminuir el riesgo de demencia y ciertamente mejorar la calidad de vida.

La Academia Estadounidense de Oftalmología recomienda un examen ocular exhaustivo cada dos a cuatro años para la gente entre los 40 y los 54 años de edad que no presente síntomas o factores de riesgo de pérdida de visión, aumentar la frecuencia de las revisiones a cada año o máximo cada tres años para aquellos entre los 55 y los 64 años de edad, e incrementarla a una revisión cada año o dos a partir de los 65 años de edad. Los exámenes pueden ayudar a mantener la visión al detectar problemas corregibles o tratables como glaucoma, cataratas y degeneración macular asociada con la edad.

La Asociación Estadounidense de Habla-Lenguaje-Audición recomienda una prueba auditiva “al menos cada década hasta los 50 años y después cada tres años”. Como explicó Lin, la pérdida de la audición puede ocurrir gradualmente por lo que la gente no se da cuenta del problema hasta que ya está muy avanzado. Además, no hace daño hacerse un examen.

 

 

Fuente:    The New York Times