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RESILIENCIA: POR QUÉ HAY QUIENES SE ADAPTAN MEJOR A LAS ADVERSIDADES

 

 

 

A lo largo de la vida todos afrontaremos dos o tres golpes El pensamiento positivo se puede entrenar, no espere a tener un problema para solucionarlo

"Aparentemente, el cristal es un material duro y resistente. Sin embargo, un simple golpe basta para que estalle en mil pedazos. El cobre, en cambio, es dúctil y maleable. Una persona rígida, aunque siempre parezca muy fuerte, de pronto puede llegar a romperse, mientras que otra con mayor flexibilidad siempre será más moldeable". Definida por la Real Academia Española (RAE) como la "capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adverso", la resiliencia es, desde el año 2010, objeto de estudio para la neuropsiquiatra Rafaela Santos, presidenta del Instituto Español de Resiliencia. "Estadísticamente, todos vamos a tener a lo largo de nuestra vida dos o tres acontecimientos potencialmente traumáticos. Lo importante es no esperar a tener un problema para pensar cómo solventarlo, sino saber anticiparse", sentencia.

Según explica Raúl Carretero, doctor en Inteligencia Emocional, en la resiliencia intervienen un conjunto de "variables tanto personales como contextuales". "Ninguna de ellas es suficiente por sí sola, y ninguna de ellas es imprescindible. Esta habilidad de hacer frente a la adversidad no es nada excepcional. El problema es que, a medida que adquirimos modos de comportamiento, adoptamos también una serie de creencias sobre lo que somos y lo que no somos, y son esas creaciones las que emborronan nuestra resiliencia, las que nos hacen pensar que no somos capaces". Algo parecido opina Carlos Julio Moya, socio fundador y presidente de la Asociación Internacional de Coaching y Psicología (AICP). "En la teoría de La indefensión aprendida, el psicólogo Martin Seligman habló de un proceso en el que el individuo lucha hasta que llega a una fase de apatía por no conseguir los resultados esperados. Un entorno duro puede influir negativamente en que aquellos más capaces y emprendedores vayan declinando. Seligman también habló de que se puede aprender a ser optimista".

En ese aprendizaje en el que incide Ramos. "Ante un acontecimiento negativo, el cerebro, cuando recibe ese impacto, segrega una serie de sustancias y, en condiciones positivas, otras. En el primero de los casos, la liberación de adrenalina o cortisol puede traducirse en miedo, estrés o incertidumbre mientras que, en el segundo, deriva en confianza y seguridad. Esto está en nuestra propia estructura, pero podemos trabajar para cambiar la percepción del acontecimiento, no verlo como una amenaza, sino como un reto. No es autoayuda, es neurociencia".

Según enumera Carretero, la inteligencia emocional, las habilidades sociales o el cociente intelectual son algunas de las variables que pueden tornarse decisivas a la hora de afrontar ese "reto". Moya incluye factores como la autoestima, el nivel de optimismo o la capacidad de asumir responsabilidades. "Nietzsche decía que quien tiene un porqué es capaz de encontrar el cómo".

Sin embargo, el contexto no lo pone fácil, especialmente a los más jóvenes. "Con la crisis, España se volvió un país con más resiliencia. Ellos han sido los que se han visto más afectados por ella, y eso les ha llevado a desarrollar cierta desconfianza tanto interpersonal como hacia las instituciones, pero también les ha conducido a tomar las riendas de su vida. En vez de resignarse, deciden buscar sus propias alternativas. Y eso es una manera de resistir", sostiene Belén Barreiro, ex presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y autora del libro La sociedad que seremos. Para esta socióloga, ese escepticismo del que habla es fruto de la decepción. El mismo desencanto que provoca que los jóvenes hoy alberguen la certeza de que vivirán peor que sus padres. "Esa frustración existe, pero tiene una base objetiva. El sistema les ha tratado mal y ellos se han vuelto más críticos con los partidos y con las grandes empresas, pero también más conscientes y austeros. Esta desconfianza es muy dañina para ellos y para los demás, pero hay algo muy positivo en cómo reaccionan a todo esto, y es que lo hacen sin resignación".

En esta época en la que parecen imperar las etiquetas, especialistas como Brianda Portalatín, psicóloga clínica infanto-juvenil, rechazan los estereotipos bajo los que muchos encorsetan a quienes han nacido en las décadas de 1980 y 1990. "Definir a todos los jóvenes (o 'millennials', como les hemos bautizado), como dueños de cenizas me parece una afirmación tan triste que me obliga a preguntarme desde dónde se mira para aseverar con tanta brusquedad algo así", lamenta. "Me parece injusto y deshonesto procurar comprimirlos a todos en la categoría de entes sin objetivos, tan vacíos y etéreos que sus motivaciones puedan reducirse a 'likes' y filtros de Instagram".

 

Nuevas tecnologías

Por eso, los expertos consultados por ZEN coinciden en romper con los tópicos y ensalzar los valores positivos que trae consigo la época actual. "Se han creado muchos prejuicios que no son ciertos como, pensar que las nuevas tecnologías aíslan a la gente cuando, en realidad, hacen social a quien ya es social e introvertido a quien ya es introvertido, pero no generan relaciones de peor calidad, ni desconfianza", apunta Barreiro. "Muchos piensan que los 'youtubers' son 'frikis' o personas solitarias, pero lo que son es más creativos, curiosos y dinámicos". Hoy estamos "más concienciados con aspectos como la ecología y la solidaridad. Nos preocupamos más por viajar, estudiar idiomas y aprender de otras culturas", añade Moya.

"Nos ha tocado un momento complicado. Estamos sumergidos en un torbellino de velocidad y exigencia, y es imposible no estar influidos por el contexto", opina Portalatín. "Éstos que ahora son jóvenes, desde pequeños han sido objetos de la urgencia. Han ido aprendiendo del entorno y, si no lo han hecho, ahora les toca hacerlo si quieren sobrevivir a la inmediatez de existir. No lo tienen fácil pero, si quieren algo, no pueden más que calzarse las botas y construirlo".

 

 

 

 

 

Fuente:    www.elmundo.es/vida-sana